Científicos acusan que Gobierno “usa la ciencia para para justificar acciones políticas que han tenido efectos trágicos para la población”

Un grupo independiente e interdisciplinario de investigadores, investigadoras y representantes de sociedades médicas y científicas, denominados «los/as 40 de la Carta», dedicados a aportar en el manejo de la pandemia de COVID-19 en Chile, salió al paso de la Cuenta Pública del Presidente Sebastián Piñera.

Según la comunidad científica, el Mandatario utilizó una fotografía fuera de contexto para respaldar el desarrollo del plan «Paso a Paso» del Gobierno y que, además, fue compartida sin consentimiento. La foto muestra una reunión en la que participaron algunos de los investigadores pero que, de acuerdo a los firmantes, ni siquiera tuvo respuesta de la cartera de Salud e incluso se habló de que la estrategia del Ejecutivo no era la mejor opción para el desconfinamiento.

Origen: Científicos acusan que Gobierno “usa la ciencia para para justificar acciones políticas que han tenido efectos trágicos para la población” – El Mostrador

Columna de Daniel Matamala: Las uvas de la ira

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Una ola de pesado fatalismo recorre la clase dirigente. Columnas en diarios como este, cartas al director, entrevistas y opiniones de los think tank favoritos del poder económico repiten una y otra vez los mismos conceptos: “se jodió Chile”, “la democracia en jaque”, “barbarie”, “volvemos a la mediocridad”. ¿Es así de negro el futuro?

Los que pintan este escenario fatalista son los mismos que, hasta el 17 de octubre pasado, repetían el mantra de Chile como “el oasis de América Latina”. El país era próspero y la gente estaba dedicada al feliz consumo. Apenas había naturales dolores del crecimiento, un difuso “malestar de la modernidad”. Los aguafiestas que hablaban del hastío social, la rabia acumulada contra la élite y el temor de la clase media no eran más que “odiosos” y “resentidos”.

Origen: Columna de Daniel Matamala: Las uvas de la ira – La Tercera

Columna de Oscar Contardo: El retorno de la vieja normalidad 

En 1995, mientras era diputado, Pérez calificó de “tendenciosas” las acusaciones contra Schafer, dijo que las denuncias eran falsas y rechazó la formación de una comisión investigadora. Luego, durante el primer gobierno de Sebastián Piñera, apoyó la frustrada designación de un amigo de Schafer como gobernador del Biobio. No sé si Víctor Pérez actualmente estará arrepentido de la defensa que hizo del difunto líder de Villa Baviera, y no creo que su rol de senador lo obligara a dar cuenta del papel que tuvo en esos episodios de la historia reciente. Otra cosa es su nueva responsabilidad en el gabinete. Resultaría perturbador que un ministro del Interior no aclare públicamente qué tan cercano fue al círculo de Schafer y cuánto contribuyó a frenar las investigaciones en su contra.

Origen: Columna de Oscar Contardo: El retorno de la vieja normalidad – La Tercera

Manifiesto español contra la dictadura del pensamiento único en la izquierda

Somos de la opinión que la carta remitida a HARPER’S por escritores e intelectuales de diversas procedencias y tendencias políticas, dentro de una corriente liberal, progresista y democrática, contiene un mensaje importante.

Queremos dejar claro que nos sumamos a los movimientos que luchan no solo en Estados Unidos sino globalmente contra lacras de la sociedad como son el sexismo, el racismo o el menosprecio al inmigrante, pero manifestamos asimismo nuestra preocupación por el uso perverso de causas justas para estigmatizar a personas que no son sexistas o xenófobas o, más en general, para introducir la censura, la cancelación y el rechazo del pensamiento libre, independiente, y ajeno a una corrección política intransigente. Desafortunadamente, en la última década hemos asistido a la irrupción de unas corrientes ideológicas, supuestamente progresistas, que se caracterizan por una radicalidad, y que apela a tales causas para justificar actitudes y comportamientos que consideramos inaceptables.

Así, lamentamos que se hayan producido represalias en los medios de comunicación contra intelectuales y periodistas que han criticado los abusos oportunistas del #MeToo o del antiesclavismo new age; represalias que se han hecho también patentes en nuestro país mediante maniobras discretas o ruidosas de ostracismo y olvido contra pensadores libres tildados injustamente de machistas o racistas y maltratados en los medios, cuando no linchados en las redes. De todo ello (despidos, cancelación de congresos, boicot a profesionales) tienen especial responsabilidad líderes empresariales, representantes institucionales, editores y responsables de redacción, temerosos de la repercusión negativa que para ellos pudieran tener las opiniones discrepantes con los planteamientos hegemónicos en ciertos sectores.

La conformidad ideológica que trata de imponer la nueva radicalidad –que tanto parecido tiene con la censura supersticiosa o de la extrema derecha- tiene un fundamento antidemocrático e implica una actitud de supremacismo moral que creemos inapropiada y contraria a los postulados de cualquier ideología que se reclame “de la justicia y del progreso”.

Por si fuera poco, la intransigencia y el dogmatismo que se han ido abriendo paso entre cierta izquierda, no harán más que reforzar las posiciones políticas conservadoras y nacionalpopulistas y, como un bumerán, se volverán contra los cambios que muchos juzgamos inaplazables para lograr una convivencia más justa y amable.

Desde estas líneas recabamos el apoyo de quienes comparten la preocupación por la censura que se ejerce sobre el debate acerca de determinadas cuestiones que quedan convertidas en nuevos tabúes ideológicos, que se suponen intocables e indiscutibles.

La cultura libre no es perjudicial para los grupos sociales desfavorecidos: al contrario, creemos que la cultura es emancipadora y la censura, por bienintencionada que quiera presentarse, contraproducente. Tal como opinan los firmantes del manifiesto Harper’s, “la superación de las malas ideas se consigue mediante el debate abierto, la argumentación y la persuasión y no silenciándolas o repudiándolas”.

Origen: Carta íntegra y totalidad de firmantes del manifiesto español contra la dictadura del pensamiento único en la izquierda

Una carta sobre justicia y debate abierto | Revista Harper


7 de julio de 2020

La siguiente carta aparecerá en la sección de Cartas del número de octubre de la revista. Agradecemos las respuestas a letters@harpers.org

Nuestras instituciones culturales se enfrentan a un momento de prueba. Las poderosas protestas por la justicia racial y social están llevando a demandas atrasadas de reforma policial, junto con llamamientos más amplios para una mayor igualdad e inclusión en nuestra sociedad, especialmente en la educación superior, el periodismo, la filantropía y las artes. Pero este ajuste de cuentas necesario también ha intensificado un nuevo conjunto de actitudes morales y compromisos políticos que tienden a debilitar nuestras normas de debate abierto y la tolerancia de las diferencias a favor de la conformidad ideológica. Mientras aplaudimos el primer desarrollo, también levantamos nuestras voces contra el segundo. Las fuerzas del iliberalismo están ganando fuerza en todo el mundo y tienen un poderoso aliado en Donald Trump, que representa una amenaza real para la democracia. Pero no se debe permitir que la resistencia se endurezca en su propio tipo de dogma o coerción, que los demagogos de derecha ya están explotando. La inclusión democrática que queremos se puede lograr solo si hablamos en contra del clima intolerante que se ha establecido en todos los lados.

El libre intercambio de información e ideas, el alma de una sociedad liberal, se está volviendo cada vez más restringido. Si bien hemos llegado a esperar esto en la derecha radical, la censura también se está extendiendo más ampliamente en nuestra cultura: una intolerancia de puntos de vista opuestos, una moda para la vergüenza pública y el ostracismo, y la tendencia a disolver cuestiones políticas complejas en una ceguera moral cegadora. Mantenemos el valor de la contra-voz robusta e incluso cáustica de todos los sectores. Pero ahora es demasiado común escuchar llamados a represalias rápidas y severas en respuesta a las transgresiones percibidas del habla y el pensamiento. Más preocupante aún, los líderes institucionales, en un espíritu de control de daños en pánico, están aplicando castigos apresurados y desproporcionados en lugar de reformas consideradas. Los editores son despedidos por dirigir piezas controvertidas; los libros son retirados por presunta falta de autenticidad; los periodistas tienen prohibido escribir sobre ciertos temas; los profesores son investigados por citar trabajos de literatura en clase; un investigador es despedido por distribuir un estudio académico revisado por pares; y los jefes de las organizaciones son expulsados ​​por lo que a veces son simples errores torpes. Cualesquiera que sean los argumentos en torno a cada incidente en particular, el resultado ha sido estrechar constantemente los límites de lo que se puede decir sin la amenaza de represalias. Ya estamos pagando el precio con mayor aversión al riesgo entre escritores, artistas y periodistas que temen por su sustento si se apartan del consenso, o incluso carecen de suficiente celo en el acuerdo.

Esta atmósfera sofocante dañará en última instancia las causas más vitales de nuestro tiempo. La restricción del debate, ya sea por parte de un gobierno represivo o una sociedad intolerante, invariablemente perjudica a quienes carecen de poder y hace que todos sean menos capaces de participar democráticamente. La forma de derrotar las malas ideas es mediante la exposición, la discusión y la persuasión, no tratando de silenciarlas o desearlas. Rechazamos cualquier elección falsa entre justicia y libertad, que no puede existir la una sin la otra. Como escritores, necesitamos una cultura que nos deje espacio para la experimentación, la toma de riesgos e incluso los errores. Necesitamos preservar la posibilidad de desacuerdos de buena fe sin consecuencias profesionales nefastas. Si no defendemos exactamente de lo que depende nuestro trabajo, no deberíamos esperar que el público o el estado lo defiendan por nosotros.

Origen: https://harpers.org/a-letter-on-justice-and-open-debate/

Joyce Carol Oates: «No es difícil escribir sobre lo más siniestro de la sociedad, está ahí» 

Confinada en su casa de Princeton, la pandemia le ha impedido viajar a Francia en junio para recibir el Premio Cino del Duca, antesala del Nobel, al conjunto de su obra. Con ochenta y dos años recién cumplidos, el viaje a Francia no es el único plan que Joyce Carol Oates (Lockport, Nueva York, 1938) ha tenido que postergar por culpa del Covid-19. También ha visto cómo Lumen retrasa unos meses la recuperación de Blonde, la novela dedicada al mito norteamericano por excelencia, Marilyn Monroe, mientras pasaba desapercibida la reedición prepandemia de Qué fue de los Mulvaney, otro de sus títulos emblemáticos, en el que hace más de veinte años retrataba las tragedias, secretos y mentiras que a veces acompañan a las familias felices.

Origen: Joyce Carol Oates: «No es difícil escribir sobre lo más siniestro de la sociedad, está ahí» | El Cultural

¿En qué punto estamos? | por Giorgio Agamben

¿En qué punto estamos? | por Giorgio Agamben

 

¿Qué significa vivir en la situación de emergencia en la que nos encontramos? Significa, por supuesto, quedarse en casa, pero también no dejarse llevar por el pánico que las autoridades y los medios de comunicación difunden por todos los medios y recordar que el otro hombre no sólo es un untador y un posible agente de contagio, sino sobre todo nuestro prójimo, a quien debemos amor y socorro. Significa, por supuesto, quedarse en casa, pero también permanecer lúcidos y preguntarse si la emergencia militarizada que se ha proclamado en el país no es también, entre otras cosas, una forma de descargar sobre los ciudadanos la gravísima responsabilidad en que los gobiernos han incurrido al desmantelar el sistema sanitario. Significa, por supuesto, quedarse en casa, pero también hacer oír nuestra voz y exigir que se devuelvan a los hospitales públicos los medios de los que se les privó y recordar a los jueces que haber destruido el sistema nacional de salud es un crimen infinitamente más grave que salir de casa sin el formulario de autocertificación.

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Los dogmas son como el cristal

«Será responsabilidad de la nueva coalición política, del ‘frente del diez por ciento’, levantar nuevos dogmas sobre los cuales refundar el sistema de pensiones».

 
 

Origen: El Mercurio.com – Blogs : Los dogmas son como el cristal

De la mano de los padres

«Nos llueve una especie de orgía de derechos, como felicidades que nos rocíen con el Paraíso Terrenal».

Origen: El Mercurio.com – Blogs : De la mano de los padres

Isabel Behncke, antropóloga evolutiva: “Estamos sufriendo las consecuencias de nuestro propio éxito”

 

Lo que estamos viviendo es tan horrorosamente difícil que no hay remedios para resolverlo, pero sí sirve mirar el fenómeno a la cara. Este es un virus brillante, un estratega. No tiene moral, obviamente. Sólo quiere replicarse. Por lo tanto, nuestra conducta altamente social es perfecta para él. El virus necesita contacto para transmitirse. Y a nosotros nos cuenta mucho la distancia social. Si fuera un dibujo de comics, el virus nos miraría echado para atrás fumándose un cigarro y diciéndonos: gracias humanos por ser así. 

Origen: Isabel Behncke, antropóloga evolutiva: “Estamos sufriendo las consecuencias de nuestro propio éxito”