Fallece Humberto Giannini, académico de la U. de Chile y Premio Nacional de Humanidades

Fallece Humberto Giannini, académico de la U. de Chile y Premio Nacional de Humanidades « Diario y Radio Uchile.

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“Pedir perdón implica abandonar justificaciones, implica autoconfesión (…) Por el momento sólo tenemos el ‘nunca más’ que toca muy fuertemente a la Universidad de Chile, pero falta el perdón”, argumentó el Premio Nacional de Humanidades y Cs. Sociales en su intervención, marcada por el relato de aquel 11 de septiembre que él vivió como académico en el Pedagógico de la Universidad.

Entrevista a Humberto Giannini

 

La Universidad de Texas adquiere el archivo personal de García Márquez

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El anuncio de la venta del archivo a la institución estadounidense ya ha despertado las primeras reacciones en Colombia, cuya ministra de Cultura, Mariana Garcés, ha dicho que para el país «es una lástima no tenerlo». Gonzalo García Barcha, uno de los hijos del escritor, ha explicado a la emisora colombiana Blu Radio que «el Gobierno colombiano nunca se hizo presente ni hizo ninguna oferta», por lo que la familia «tomó la decisión de enviar los archivos a la Universidad de Texas». «Nosotros queríamos que estuviera bien acompañado», añadió García Barcha al argumentar que en UT hay «colecciones similares».

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Nuevos documentos históricos avalan las andanzas del Quijote y en quiénes se basó Cervantes

Nuevos documentos históricos avalan las andanzas del Quijote y en quiénes se basó Cervantes | Cultura | EL MUNDO.

Hace medio año el archivero e historiador Francisco Javier Escudero y la arqueóloga Isabel Sánchez Duque desvelaron que una venta medieval que estuvo abierta durante más de dos siglos junto a la actual ermita de Manjavacas, en Mota del Cuervo (Cuenca), podía ser el mesón en el que se armó caballero Alonso Quijano.

Ahora han avanzado sus nuevos descubrimientos históricos y aseguran que la trama de El Quijote tuvo protagonistas reales, coetáneos de Miguel de Cervantes y vecinos de los municipios manchegos de El Toboso y Miguel Esteban.

Juan Goytisolo gana el Premio Cervantes

Juan Goytisolo gana el Premio Cervantes | Cultura | EL PAÍS.

El escritor Juan Goytisolo Gay (Barcelona, 1931) ha sido distinguido con el Premio Miguel de 1416836556_584716_1416848561_noticia_fotogramaCervantes de las Letras. Instituido en 1976 por el Ministerio de Educación Cultura y Deporte, está dotado con 125.000 euros y es considerado el galardón literario más importante de la lengua española. La entrega del premio siempre se hace el 23 de abril, del año siguiente, en homenaje a la fecha de la muerte del autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. El acto se celebra en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares.

 

Tánger, patria emocional y generación beat

14166021107516Entre 1925 y 1960, la ciudad de Tánger se transformó en una notoria Zona Internacional, políticamente neutral y económicamente abierta. Definida por Mohamed Choukri, cronista oficioso del inframundo tangerino, como «la más extraordinaria y misteriosa ciudad del mundo», Tánger fue el destino exótico por excelencia de buena parte de la intelectualidad europea y norteamericana de la época. El ambiente de permisividad sexual, el libre acceso a drogas blandas, el carácter meridional y abierto de los nativos, junto a la promesa de una vida fácil y asequible, resultaron ser un imán irresistible para artistas como Henri Matisse, Jean Genet, Paul y Jane Bowles, Alllen Ginsberg, Jack Kerouac, William Burroughs, Tuman Capote o Tennesse Williams, entre otros. En torno a ellos se fue creando una nutrida y discontinua comunidad de expatriados que poco a poco fueron agrandando la leyenda de la ciudad hasta convertirla en un territorio mítico y literario que aún hoy sigue vivo en la imaginación de los lectores de todo el mundo.

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La historia se acabó hace 25 años

La historia se acabó hace 25 años | Cultura | EL MUNDO.

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La teoría acerca del fin de la Historia de Francis Fukuyama, director delegado del Cuerpo de Planeamiento de Política del Departamento de Estado de los Estados Unidos, cristalizó en el libro ‘The End of History and the Last Man’, en el caldo de los procesos de desmoronamiento de los regímenes de Europa Oriental y la ‘Perestroika’ de Gorbachov. En tono triunfalista e incómodamente hegemónico, partía de la ausencia de alternativas viables al capitalismo como sistema económico, tras la caída del Muro de Berlín y preconizaba, tirando del profesor Alexandre Kojéve, la existencia del liberalismo como estado homogéneo universal.

 

Walt Whitman y sus ‘Hojas de hierba’ para el siglo XXI

Walt Whitman y sus ‘Hojas de hierba’ para el siglo XXI | Cultura | EL PAÍS.

“Yo me celebro, / y cuanto hago mío será tuyo también, / porque no hay átomo en mí que no te pertenezca”. Y un nuevo mundo se abrió con estos versos de Canto de mí mismo. Ciento cincuenta y nueve años separan este comienzo del libro Hojas de hierba, que Walt Whitman terminaría en 1892, tras nueve ediciones y un total de 389 poemas, de esta época que no cesa de ser polinizada por su voz y sus ideas sublimes. Una obra maestra que ahora se puede leer íntegra en un lenguaje actualizado, en edición bilingüe y traducida, por primera vez, por un autor español (las conocidas son de latinoamericanos), que incluye los prólogos o textos introductorios que escribiera Whitman en todas sus ediciones, más una selección de sus prosas y del diario que llevaba como enfermero de campaña durante la Guerra Civil de Estados Unidos. Todo ello presidido por un texto que funde la biografía del poeta estadounidense con su clásico universal y con la de este mismo volumen. El encargado de este trabajo monumental ha sido del poeta y filólogo Eduardo Moga (Barcelona, 1962), bajo el sello de Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.

 

¿El ‘ocaso’ de Kant y Nietzsche?

El jueves 20 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Filosofía

  • La Filosofía reivindica su papel en la sociedad en plena crisis económica y de valores

  • La madre de todas las ciencias trata de sobrevivir frente a los saberes más utilitarios

  • Los distintos gobiernos han ido ‘recortando’ esta rama del saber con cada ley de educación

  • Los expertos hablan del interés por estimular cada vez menos el pensamiento crítico

JOSÉ ANDRÉS GÓMEZ, El Mundo, Madrid

Este jueves se conmemora el Día Mundial de la Filosofía. Sin embargo, las escasas o nulas salidas que ofrece esta titulación en el mercado laboral, la denostación que ha sufrido por parte de los distintos gobiernos tras cada reforma educativa (van cuatro leyes en cosa de 25 años: la Logse, en 1990; la LOCE, en 2002; la LOE, en 2006; y la Lomce, en 2013) y la consiguiente pérdida de vocación de los jóvenes frente a los saberes utilitarios, dificultan el desarrollo y la pervivencia de estos estudios que desarrollan el pensamiento crítico en los campus.

En España, del millón y medio de estudiantes que se matricularon en el curso 2013-2014 en la Universidad, sólo 7.483, es decir, el 0,5% lo hicieron en Filosofía. Por contra, el 50% de los jóvenes que acude a la Universidad en la actualidad estudia alguna carrera relacionada con las Ciencias Sociales y Jurídicas, el 20,7% Ingenierías o Arquitectura, un 16,5% Ciencias de la Salud y un 10% se decanta por las Artes y las Humanidades. De este 10%, que supone unos 143.000 alumnos, sólo un 5% se decanta por esta área. Un área que, curiosamente, tiene una de las notas de acceso más bajas de todas las titulaciones (basta un 5,00 en la Complutense o en la Universidad de Barcelona, por ejemplo).

Pérdida de alumnado

«Algo ocurre en la sociedad cuando la mitad de estudiantes pertenece a Ciencias Sociales y sólo el 10% a Humanidades. Algo nos está pasando. No es un problema superficial, sino muy serio», señala Fernando Broncano, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad Carlos III de Madrid.

Así, según datos del Ministerio de Educación, las 22 facultades de Filosofía y Letras han perdido en cosa de 10 años más del 15% de su alumnado -unas cifras similares a las del resto de Humanidades-. Este hecho, unido a la subida de tasas y a los recortes, está provocando la supresión y/o reorganización de edificios que otrora se destinaban exclusivamente a Filosofía, como en el caso de la Universidad de Oviedo, la de La Laguna o la de Valladolid.

«La Universidad está sufriendo dos tipos de fenómenos: uno, objetivo de recortes; y luego otro subjetivo, que es tan peligroso como el primero y que tiene que ver con que los alumnos elijan sólo pensando en las salidas laborales», indica Broncano. La unión de ambos está provocando «el abandono de los mejores alumnos en cualidad y de la mayoría de los estudiantes en cantidad».

En opinión de Joaquín Moya-Angeler, presidente de la Conferencia de Consejos Sociales Universitarios (CCS), la Filosofía tiene un papel «esencial» en la formación y la educación del país. Sin embargo, el problema no es si es importante o no: «El problema es el volumen de facultades y alumnos que tiene esta titulación y si tiene sentido que exista en muchas universidades españolas o sólo en cuatro o cinco«, advierte. Este hipotético planteamiento retrotraería a la Filosofía al curso 74-75, cuando sólo existía la titulación en la Complutense y la Autónoma de Madrid, la Central y Autónoma de Barcelona y la de Valencia.

I+D FRENTE A PENSAMIENTO

El también ex presidente de IBM considera que España no ha incentivado nunca el desarrollo de las ciencias que tienen que ver con la I+D, que son las que, en su opinión, más deberían fomentarse. «No se nos ha admirado nunca por la definición de procedimientos o la disciplina en procesos como a alemanes o ingleses, y sí por nuestra creatividad», subraya. «España es un país profundamente creativo, pero el problema es cómo se retribuyen la creatividad y determinadas ramas del saber».

Este enfoque más pragmático de la educación superior es el problema de fondo que subyace a la hora de elaborar determinadas políticas educativas que, legislatura tras legislatura, han ido dejando fuera a Aristóteles, Nietzsche y compañía al no existir una transferencia directa del conocimiento.

Pero, ¿debe destinar el Estado dinero a algo que, a priori, no tiene una aplicación directa e inmediata sobre el sistema productivo? ¿Sirve para algo la Filosofía ante la urgencia de los problemas económicos a los que se enfrenta la sociedad del siglo XXI? «Tenemos una idea de utilidad demasiado tecnocrática», señala Ángel Gabilondo, ex ministro de Educación con Rodríguez Zapatero, ex rector de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y catedrático de Metafísica. «Para quienes consideran que el conocimiento ha de ser inmediatamente aplicable y únicamente es interesante como medio o instrumento, semejante pensar les resulta infecundo», añade. El ex ministro considera que no hay que vincular el conocimiento a la idea de mercado y que también conviene responder a las necesidades sociales porque «no siempre lo demandado es lo más necesario socialmente».

No lo entiende así su sucesor en el Ministerio, José Ignacio Wert, que en 2012 hizo público el segundo borrador de la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (Lomce) por el que pretende reducir la enseñanza de la filosofía en secundaria casi a la nada, dejando sólo una de las tres materias obligatorias existentes.

Semejante ‘rejonazo humanístico’ ya causó un gran revuelo en su momento y la Conferencia Española de Decanatos de Filosofía denunciaba el recorte «más duro e injustificado que sufrían estos estudios en toda la historia de la democracia española», destruyendo «un pilar básico» del sistema.

Pero la denostación de esta disciplina y de sus docentes no acaba aquí. Según el borrador del Real Decreto de Especialidades Docentes, que adelantaba el pasado 6 de noviembre este diario, con la Lomce, los profesores de Filosofía podrán enseñar a montar negocios en el instituto a través de la asignatura Actividad Emprendedora y Empresarial, que pretende crear el Ministerio. «Se trata de una tomadura de pelo y una falta de respeto a la Filosofía y a todos los profesores», lamenta Antonio Campillo, presidente de la Conferencia de Decanatos.

Élites sin cultura

Para Campillo, la actual crisis no tiene que ver sólo con los tan cacareados mercados, la subida del IRPF o los recortes en Educación o Sanidad, sino que afecta directamente a los valores de la sociedad y del pensamiento, que han visto auparse a lo más alto del poder a una clase política corrupta y carente de moral. «En la tradición del pensamiento occidental, durante siglos se valoró al hombre culto, que era aquel que sabía de Literatura, de Ciencia, de Filosofía… Ahora, las élites políticas no necesitan ser cultas para tener poder. Se ha producido un divorcio entre el poder y la cultura y eso ha dado lugar a una situación crítica y muy peligrosa».

El pensamiento crítico parece molestar y la urgencia por incentivar los saberes productivos y utilitarios es la excusa a la que se aferran las distintas políticas educativas. «La presión del capitalismo actual, que incita hasta el paroxismo un pragmatismo básico y urgente, tiene en España un terreno bien abonado para que la Filosofía desaparezca bajo las presiones del mercado», sostiene Laura Llevadot, vicedecana de Filosofía de la Universidad de Barcelona (UB).

Precisamente la UB ha decidido «sacar la Filosofía de la Universidad y mostrar su necesidad». Durante esta semana celebra un festival filosófico inédito en España, el ‘Barcelona Pensa’, inspirado en el ‘Citéphilo’ francés y en el que habrá lugar para cafés filosóficos, obras de teatro o recitales de poesía.

En el país vecino, la presencia de esta disciplina es una constante y no es extraño encontrar revistas de divulgación en los quioscos o programas de televisión y radio en los que tiene un papel destacado. Esta ‘mediatización’ de la Filosofía, habla también de la apuesta por la investigación en este ámbito. «En España, con una dictadura de por medio y una tradición católica muy fuerte, la Filosofía ha tenido que batallar su lugar», explica Llevadot.

A día de hoy, esa batalla continúa y la madre de todas las ciencias tiene el reto de hacer valer el pensamiento de Kant, Platón y Schopenhauer y, a la vez, repensarse para ser tenida en cuenta como un saber imprescindible, como un vínculo inseparable para el ejercicio del pensamiento crítico y la ciudadanía democrática.

Diez libros que muy pocos han logrado terminar

El escritor Nick Hornby anima a quemar los libros excesivamente complicados o que se leen por puro postureo. He aquí una lista de tomos que cargan con el estigma (injusto a menudo) de ser inacabables.

El novelista británico Nick Hornby animaba en el pasado festival literario de Cheltenham a quemar en una fogata los libros complicados. A no perseverar con esa novela que se instala en la mesita de noche como un parásito porque su lector es incapaz de leerla pero no quiere admitir su derrota. “Cada vez que seguimos leyendo sin ganas reforzamos la idea de que leer es una obligación y ver la tele es un placer”, afirmaba, en un elogio de la lectura como actividad hedonista.

Al hilo de su participación, muchos foros discutieron qué títulos son los más indigestos, una versión más del eterno debate de si se leen obras complicadas para poder decir que se han leído más que por el placer de leerlas. Algunos llevan esta idea demasiado lejos. El novelista británico Kingsley Amis dijo en sus años de madurez que a partir de entonces, con poco tiempo de vida por delante, sólo leería “novelas que empiezan con la frase: ‘Se escuchó un disparo’”. Quizás el padre de Martin Amis exagerara (las memorias de su hijo, donde tanto lo ataca, tienen casi 500 páginas), pero son muchos los que opinan que “la vida es demasiado corta para leer libros demasiado largos”. He aquí una lista de tomos que cargan con el estigma (injusto a menudo) de ser inacabables.

1.- El arco iris de la gravedad, de Thomas Pynchon

Esta y otras novelas del autor más misterioso de la literatura estadounidense ha alcanzado para muchos el estatus de literatura ilegible

En el capítulo Girl in the Big Ten de la temporada 13 de Los Simpsons, la pequeña Lisa se quiere hacer pasar por una estudiante de instituto. En una escena fisga en la taquilla de una estudiante y descubre este novelón. La conversación que mantienen las dos se desarrolla así: “¿Estás leyéndote El arco iris de la gravedad?”, le pregunta la pequeña Simpson. “Bueno, lo estoy releyendo”, contesta la estudiante. Esta broma, y el hecho de que aparezca en esta serie, resumen hasta qué punto esta y otras novelas del autor más misterioso de la literatura estadounidense ha alcanzado el estatus de literatura ilegible. No para todos, claro. Es famoso el profesor George Lavine, que anuló sus clases para encerrarse durante tres largos meses de 1973 con el único objetivo de engullirla. Cuando salió de su reclusión afirmó que Pynchon era lo mejor que le había pasado a las letras estadounidenses del siglo XX.

2.- Crimen y castigo, de Fiodor Dostoyevski

De poco sirve que se pueda leer como un thriller psicológico y torturado que no se resuelve hasta el último párrafo. Quizás por su título, que algunos consideran aplicable a lo que representa su escritura y su lectura, pocos no se atreven ni a tocar con un palo los delirios de Raskolnikov, o los dejan a la sexta muestra de tormento.

3.- Guerra y paz, de León Tolstoi

Otro ejemplo de la literatura rusa, que se suele colocar en este tipo de listas con bromas como: “Lamentablemente, no llegué ni al primer disparo de la guerra”. Aunque muchos lo consideran una lectura trepidante ambientada en la invasión napoleónica de la Madre Rusia, preferirían ver la versión cinematográfica. Carga con el estigma recurrente de que leer a los rusos es complicado y más fatigoso que escalar algún pico de los Urales. Su autor lo escribió convalenciente, después de romperse un brazo tras caerse de un caballo. Algunos lectores declaran en este tipo de debates haberse sentido así durante su lectura.

4.- Orgullo y prejuicio, de Jane Austen

Otra novela que esconde claves en su título. Algunos lectores la acaban por lo primero, por orgullo, y otros ni se acercan por lo segundo, por puro prejuicio. Es una cumbre de los bisbiseos y los tejemanejes románticos, incluso cómicos, pero el lector contemporáneo a menudo se harta de las tensiones sexuales que sí celebra en las telecomedias. Este lector poco paciente no es el único. El genio Mark Twain llegó a declarar: “Cada vez que leo Orgullo y prejuicio me entran ganas de desenterrarla y golpearle en el cráneo con su propia tibia”.

5.- Vida y opiniones del caballero Tristam Shandy, de Laurence Sterne

Se publicó por volúmenes durante ocho años. El autor falleció antes de que se publicara como novela; de hecho, muchos especialistas consideran la obra inacabada después de tantísimas páginas. El libro pretende ser la autobiografía del narrador, que se pierde en digresiones y bucles infinitos y tronchantes pero no aptos para todos los paladares. Es una pieza fundamental en la narrativa moderna y cómica, pero el hecho de que el protagonista no nazca hasta el libro tercero no ayuda a que muchos aguanten con el volumen en las manos. Quizás prefieran la adaptación de Michael Winterbottom, aunque de adaptación fiel tenga, como no podía ser de otro modo, poco.

6.- La divina comedia, de Dante

El poema escrito por Dante Alighieri en el siglo XIV pertenece al grupo de los que quizás engañen por el título al incauto. Crucial en la superación del pensamiento medieval y ácido como un limón en los ojos gracias a los comentarios sobre su época, ha sido hasta versionada en un monólogo por Richard Pryor. Sin embargo, muchos se quedan en la primera parte (titulada Infierno) o ni siquiera pasan por la segunda, el Purgatorio, y mucho menos abrazan la definitiva, bautizada como Paraíso.

7.- Moby Dick, de Herman Melville

Si el protagonista de otro relato de este autor Bartleby el escribiente, ese abogado neoyorquino hastiado con, entre otras cosas, su trabajo, dice aquello de “Preferiría no hacerlo”, muchos lectores suscriben esa frase cuando se enfrentan a la novela definitiva de Melville. No comparten la obsesión ciega del Capitán Ahab por dar caza a la ballena y se marean con la primera tormenta en alta mar. No están solos, a pesar de la legión de fans entregados que sí vibran con este libro, en una reciente reedición en castellano de esta obra, el prologuista incluye una suculenta anécdota. El músico Moby (sí, el que hace canciones que salen en ochenta anuncios) admite que, aunque se puso ese seudónimo, jamás ha acabado la novela porque le parece “demasiado larga”. Una pista: ese músico calvo se llama en realidad Richard Melville, su tío bisabuelo es el consagradísimo autor.

8.- Paradiso, de José Lezama Lima

Las más de 600 páginas de esta especie de novela de aprendizaje, exuberante en su prosa como un árbol cargadísimo de fruta, son un infierno para demasiados lectores. Muchos acceden a la formación del poeta José Cemí aconsejados por Julio Cortázar, un autor fundamental para muchos adolescentes del que se intentan devorar todas sus pistas, pero el lenguaje personalísimo y el largo alcance barren a un altísimo tanto por ciento del público de una de las novelas en castellano del siglo XX. Es más curioso si se sabe que el autor es cubano, un carácter poco dado a estos recluimientos. En la narrativa latinoamericana, y pese a su reciente culto global de su autor, también se suele bromear con 2.666, de Roberto Bolaño, que no alcanza ese número de páginas, pero se le acerca, tiene más de mil.

9.- Las aventuras del buen soldado Svejk, de Jaroslav Hasek / Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes

El mismo bufido de aburrimiento y desgana en las aulas checas y españolas. Y lo peor es que ambos emitidos por la obligación de leer dos de las novelas más divertidas y delirantes de la historia. Dos historias picarescas con dos antihéroes absolutamente inolvidables que cargan con el problema de ser el clásico más aplaudido de ambos países. ¿Su problema? Obligar a alumnos imberbes con las feromonas disparadas a adentrarse en sus numerosísimas páginas, para convertirlos en “un libro de la Mancha -o de Praga- del que no quiero acordarme”. Leídos, sin embargo, más adelante son más adictivos que una bolsa de pipas con sal o que la serie con más televidentes.

10.- La broma infinita, de David Forster Wallace

Resulta curioso que una novela, entre otras cosas, sobre la adicción y el colapso de la cultura del ocio desanime a tantísimas personas. Su más de mil páginas, cientos de ellas son notas al pie, lo convierten en uno de los libros posmodernos clave en la historia de la literatura, pero también provocan que muchos crean que su malogrado autor, que se acabaría suicidando, había escrito, efectivamente, una especie de broma infinita sin gracia. Los lectores actuales trazan una línea en el suelo y separan dos bandos: la aman o la odian.

Una de romanos

El País, FERNANDO SAVATER 18 NOV 2014 – 00:20 CET

 

En el siglo XIX, un grupo de rebeldes que destruía la nueva maquinaria industrial en los talleres porque eliminaba puestos de trabajo, en lugar de seguir a un jefe carismático optó por inventarse uno que como no existía no podía decepcionarles: así inventaron a Ned Ludd y ellos fueron llamados luditas. Marx los refutó con cierto desprecio. Algunos estudiosos piensan que Espartaco, el esclavo que encabezó una rebelión contra el Imperio romano cuando Julio César era aún joven, también tuvo más de fábula que de realidad: sus seguidores le mitificaron como símbolo de su lucha y cronistas propensos a lo sensacional agrandaron su capacidad estratégica y sus triunfos militares contra las legiones imperiales. Lo cierto es que los esclavos querían escaparse y en el furor de su huida desesperada sorprendieron sangrientamente a algunas guarniciones adormiladas, hasta que el ejército regular puso las cosas en su sitio. No hubo milagro emancipador, sólo el sobresalto de una anécdota.

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Ignoro si esta versión reductora de lo sucedido es más exacta que la hagiografía, aunque instintivamente no me resulta simpática. En todo caso da igual, porque para nosotros Espartaco no está en los legajos de antiguos historiadores ni siquiera en la memoria exaltada de algunos grupos radicales, sino en la pantalla: es el enorme péplum dirigido por Stanley Kubrick, conmovedor y vibrante de aventuras, y es Kirk Douglas contra Lawrence Olivier, es la valiente ternura de Jean Simmons y sobre todo es un multitudinario grito de sublevación afirmativa contra el filo de la muerte: ¡yo soy Espartaco! Sin duda el cine habrá dado películas más artísticas o profundas, pero ninguna más difícil de olvidar. Me resisto a creer que cualquiera que haya disfrutado con ella esté dispuesto a cambiarla por los criterios desmitificadores de algunos eruditos…
De modo que disponer de un libro que narre su making off y las dificultades que debieron vencerse para realizarla, es un auténtico regalo para los aficionados. Por lo general este tipo de estudios retrospectivos —han pasado ya más de cincuenta años de su estreno— los suele escribir algún joven estudioso entusiasta, basándose en los archivos. Pero Yo soy Espartaco (ed. Capitán Swing) viene firmado por el propio Kirk Douglas, ya largamente nonagenario: ¡es como si el mismísimo Aquiles nos hubiera dejado su versión de la Ilíada! Y además narra eficazmente el subtexto libertario que acompaña a la crónica de los esclavos insurgentes, porque el reconocimiento explícito de Dalton Trumbo como guionista gracias a la firmeza de Kirk Douglas y pocos más marcó el final de las vergonzosas listas negras que habían marginado a tantas personas de talento por culpa del senador McCarthy y gentuza inquisitorial semejante. No es esta simplemente una obra edificante, moral y políticamente (aunque también, por qué no…), sino sumamente divertida: las semblanzas de los actores protagonistas, descritos con el candor a veces malicioso de la familiaridad, las angustias matrimoniales de Olivier, los pujos narcisistas de Peter Ustinov y Charles Laughton, la frialdad minuciosa de Kubrick, que acabó firmando esta película ardiente que no se le parece, y sobre todo el excelente retrato del propio Dalton Trumbo, obstinado pero tolerante, una víctima nada resignada de la estulticia persecutoria… convierten Yo soy Espartaco en una lectura cautivadora. Por cierto, allí nos enteramos de que la emblemática secuencia de los esclavos ya vencidos que se rebelan una vez más y se identifican clamorosamente con Espartaco para no delatarle fue propuesta por Kirk Douglas y desdeñada por Kubrick… Quien nunca se haya equivocado, que tire la primera piedra.