Diez periodistas literarios

librosUn repaso a los perfiles de las grandes firmas literarias surgidas del periodismo. Una serie iniciada el 21 de abril de 2012, cuando Manuel Vicent buceaba en la figura de Julio Camba, y que llega a su fin en enero de 2015, de la mano de Manuel Vázquez Montalbán. Esta es una selección de diez de los artículos publicados en Babelia.

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Conocimiento 2.0

Lo que hace Internet es potenciar enormemente la capacidad generativa, pública y abierta, que es una propiedad general de nuestro conocimiento. Una Red basada en «contenidos generados por los usuarios» desdibuja la distancia entre creadores y consumidores. Las virtualidades de un sistema semejante se deben al hecho de que no filtra las contribuciones de una audiencia amplia y variada. Si actuara de otra manera, dejaría de satisfacer las expectativas de los usuarios y perdería su potencialidad. El problema consiste en cómo hacer compatible la protección de los creadores con el hecho de que una cultura libre tiene que estar lo menos controlada posible por los que crearon, es decir, por el pasado. No hay un sistema generativo sin una cierta falta de control.

1400499039_726906_1400499539_noticia_normalTenemos que aclarar en qué consiste el conocimiento si es que queremos protegerlo. Y las dos propiedades más elementales del conocimiento podrían formularse de la siguiente manera: casi nada es absolutamente original y casi nada carece absolutamente de originalidad. Conocer es un acto creativo, que da origen a algo nuevo y, al mismo tiempo, una recombinación de elementos que ya existían. No hay lo uno sin lo otro y quien no entienda ambas propiedades no podrá ofrecer ninguna solución razonable a los problemas que plantea la propiedad intelectual, la democratización del saber o la protección de la creatividad. ¿Cómo se puede explicar esta paradoja?

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Qué tiene de nuevo lo nuevo

1424691978_252313_1424713253_noticia_normalLo que caracteriza al filósofo es el hecho de que trabaja con las ideas. Todos los filósofos, por definición, comparten dicho objeto: es eso y no otra cosa lo que los constituye como tales (por supuesto que pueden tomar la decisión de abandonar el territorio de las ideas y, siguiendo las indicaciones de Marx en su tesis XI sobre Feuerbach, dedicarse a transformar el mundo, pero en tal caso estarán comportándose como ciudadanos con elogiable sensibilidad política y social, pero ya no como filósofos). Lo que diferencia a unos filósofos de otros, lo que permite establecer una tipología entre ellos, es el lugar donde creen encontrarlas.

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Lecturas de lo nunca visto

1424284436_188347_1424284654_noticia_normalEn un momento como el actual en que el arte es parasitariamente dado a cumplir con los deseos colectivos y las exigencias de la fama, la obra de muchos artistas que trabajaron en la Alemania de Hitler, fueran pintores, poetas, arquitectos o músicos, se ve como un símbolo de resistencia. Sabemos más de la verdad “psicológica” de aquellos años que lo que realmente ocurrió. Los historiadores han manejado documentos con guantes blancos, conscientes de que el monstruo del periodo nazi tiene rabo de lagartija. Conocemos los testimonios de aquellos que tuvieron que huir, pero muy poco de los que se quedaron, el porqué lo hicieron y bajo qué condiciones. ¿Cobardía o convicción? Jonathan Petropoulos ensaya la idea de que no todos los artistas modernos eran antinazis, ni todos los nazis eran antimodernos. ¿Es la noción de “cultura nazi” un oxímoron? ¿Hubo una buena y una mala cultura?

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La nómina de hombres y mujeres que buscaron acomodo y aceptación no se reduce al arte “genealógicamente limpio” de Richard Strauss, Leni Riefenstahl o Arno Breker, por citar los más conocidos; la “lista Petropoulos” incluye al degenerado Emil Nolde —reconocido filonazi y con carné del partido—; al fundador de la Bauhaus, Walter Gropius; al músico Paul Hindemith o al escultor Ernst Barlach. La lista es larga, “todos querían desesperadamente prosperar en unos años culturalmente volátiles y de depresión económica, creían que las metas del fascismo y de la modernidad eran compatibles. Sus egos les cegaron para ver que estaban al servicio de monstruos y criminales”, explica Petropoulos en el libro Artists under Hitler (Yale University Press).

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Le Corbusier, la espuma de sus días

Cualquiera puede encontrar las fotografías de Pablo Picasso y Le Corbusier, juntos, en Marsella, en septiembre de 1952 y reír un poco. Dos casi ancianos (tenían 70 y 65 años respectivamente) caminan entre muros de hormigón y suelos polvorientos, medio descamisados, con los botones abiertos hasta el ombligo y pantalones abombados. ¿A dónde irían con esa pinta? Pero, cuidado, un respeto, porque aquellos muros en obras pertenecían a la Unidad de Habitación de Marsella y por eso el calor del sur y los pechos al aire.

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Aquel encuentro significaba el final de una enemistad legendaria. Le Corbusier y Picasso se habían conocido hace 30 años, habían sentido un primer reflejo de simpatía, pero después se dedicaron un buen puñado de desdenes. Sus estudios (Le Corbusier en la calle Sevres; Picasso en la Rue des Grands Agustines) estaban a 15 minutos de paseo y sus figuras eran paralelas: los dos tenían el mismo carácter exhibicionista y un poco narciso, los dos eran coléricos y mujeriegos, los dos se dejaron fotografiar desnudos, los dos tenían el don de la gracia y el encanto y el talento para las relaciones públicas. Hasta sus dibujos se parecían: uno hizo la ‘Mano abierta para dar y recibir’ y el otro, la ‘Paloma de la paz’. Vistos ahora, con la distancia del tiempo, ¿cuál es la diferencia? Tan semejantes eran Picasso y Le Corbusier que se detestaron durante años y años y años. Así hasta que alguna imagen de la Unidad de Habitación llegó a los ojos del pintor que, asombrado, sintió el deseo urgente de visitar las obras. Loa agravios quedaron perdonados y el ‘minotauro’ volvió a ser amigo del ‘curvador’.

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‘Mi lucha’ volverá a publicarse en Alemania después de 70 años

1424463959_023658_1424464361_noticia_normalMi lucha, el libro que comenzó a escribir Adolf Hitler en la cárcel de Landsberg en el verano de 1924 y que le ayudaría a convertirse en dictador, además de millonario, fue prohibido en octubre de 1945 gracias a la sentencia emitida por un juez de Múnich para castigar la memoria del Führer, quien se había suicidado en su búnker de Berlín el 30 de abril de ese año. La sentencia traspasó todos los bienes que poseía el dictador en Baviera al gobierno bávaro, incluido los derechos de autor sobre el libro.

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Secretos de los libros únicos de un autor

1423911652_297549_1424013625_noticia_normalMiedo, dolor, perfeccionismo, grito y gloria forman míticos oasis literarios rodeados de silencio. Si en música un único éxito es llamado one-hit wonder, en literatura es una variedad del milagro. Y sus autores forman un exclusivo club de escritores de un único e histórico libro. ¡Leyenda!

Como la que envuelve al reciente hallazgo del manuscrito inédito de donde salió Matar a un ruiseñor, de Harper Lee (Go, set a watchman, Ve, aposta a un centinela), que ilumina a los miembros de ese mítico club: Juan Ruiz, Arcipreste de Hita con el Libro de buen amor, Fernando de Rojas con La celestina, Emily Brontë con Cumbres Borrascosas, Margaret Mitchell con Lo que el viento se llevó, o Giuseppe Tomasi di Lampedusa con El gatopardo.

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Crítica de «El fractalista. Memorias de un científico inconformista» de Benoît Mandelbrot: Un matemático excepcional

1423063603_673411_1423066170_noticia_normalEl género autobiográfico posee una larga historia, pero no han sido demasiados los científicos que lo cultivaron en el pasado (me estremezco solo de imaginar que aquel genio huraño y neurótico llamado Isaac Newton hubiese dedicado algo de su tiempo a escribir unas memorias, y doy gracias a que el agudo espíritu familiar de Charles Darwin le llevase a preparar una autobiografía que podría resultar, quizá, interesante para sus hijos o para sus nietos, según sus palabras; así como a la afición a la escritura de Santiago Ramón y Cajal, que nos legó una de las mejores obras de este tipo escritas jamás en castellano). No obstante, esta situación ha ido cambiando en las últimas décadas, en las que no pocos científicos se han mostrado deseosos, con toda legitimidad, de contar sus historias, no siempre, dicho sea de paso, terriblemente interesantes.

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El placer de ser enigma

14233371437972Elena Ivanovna Diakonova era una niña flacucha, de pelo muy negro, ojos muy juntos y una cabeza poblada de ideas extraordinarias que le otorgaban ese punto abisal que tienen las rarezas verdaderas. Nació en 1894, en Kazán (Imperio Ruso), una madrugada en que soplaba un aire demasiado loco como para recibir a nadie en casa. Gala creció en un bautismo de versos y compositores, hija de dos intelectuales que decidieron hacer de la muchacha una alforja de virtudes. Iba al mismo colegio que la poeta Marina Tsvetáyeva. Quería escribir, pero aún más deseaba ser escritura. Gala, entonces, llevaba el pelo a lo chico, con una ráfaga vital entre malvada y seductora. Gastaba estructura general de gata que resaltaba sus modales distinguidos. Pero más allá de aquel dulce oficio de ser una damita sofisticada, crecía el incalculable afán redentorista de no fiarse sólo de la realidad. Le atraía lo sobrenatural, el arte adivinatorio del Tarot y manifestaba una suerte de cualidades paranormales que ensanchaban aún más su extremada superstición. Todo en su hábitat era extraño. Todo apuntaba desde niña hacia una vocación mediúmnica desde la que fue construyendo su biografía devastando cualquier huella que pudiera revelar sus entrañas emocionales. Gala hizo del mundo su ouija y de sí misma el único espíritu a invocar.

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Lectores y piratas

libros“Del 58% de los españoles que dicen leer en formato digital, solo el 32% paga por las descargas. El restante 68% lo hace de manera ilegal”. Leo estos datos en un informe publicado esta semana sobre la crisis en el sector del libro y, en realidad, lo que respondería a mis impulsos sería dejar este artículo donde acaban las comillas y que lo terminaran ustedes aportando opiniones. Porque a mí, como les ocurre a muchos autores, esta realidad me descorazona. Quien haga una interpretación mezquina de mi inquietud pensará que si así me siento es porque me va algo en ello, que se me va la pasta. Y eso me descorazona doblemente. Se diría que no hay ahora mismo en España posibilidad de expresar una opinión sin que tu adversario interprete que lo haces por interés. Si dices, por ejemplo, que lo que te preocupa es el nivel cultural de tu país, ¿qué quedas, como una idiota?

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