“Mi salvación es la literatura”

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ROBERTO BOLAÑO

En España se vive bien. Lo bueno es salir a trabajar por un tiempo a otros países y gastarse la plata aquí. Tomo un vino excelente TODOS los días (el vino es más barato que la cocacola), y la comida española es buena y barata también. De todas maneras extraño mucho México, que es como mi segunda patria, si es que alguna vez tuve una. Aquí NO HAY ni chilitos, ni molito, ni taquitos. Tampoco autos grandes (puro coche chico) ni carreteras locas ni alucines diarios del Distrito. Mis amigos españoles se asombran cuando les digo que el D.F. tiene 14 millones de habitantes. También extraño el Sol. Estamos en primavera pero parece que fuera invierno en México.

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Mario Vargas Llosa: “Llego a los 80 en un estado maravilloso”

1445520280_937768_1445521875_sumario_normalEste es Mario Vargas Llosa de cuerpo entero, el escritor de ficciones y el hombre. En marzo cumple 80 años; su vida personal ha conocido una transformación radical, que incluye una nueva relación sentimental que ha dado más que hablar de lo que él hubiera imaginado nunca, y ahora anuncia su editorial, Alfaguara, que cuando el Nobel de Literatura peruano cumpla aquella edad saldrá a la calle en todo el mundo de habla española su último libro, la novela Cinco esquinas. En esa obra, como en Conversación en La Catedral o en La ciudad y los perros, Vargas Llosa regresa a su tierra, Perú, el fundamento de su narrativa y el gran pesar y el gran gozo de su corazón y de su memoria. Esta entrevista versa sobre los temas capitales de su escritura, para qué le ha servido y le sirve escribir, y sobre aspectos actuales de su vida personal. Se la concedió a EL PAÍS, el periódico en el que colabora desde hace años, el pasado domingo a mediodía en el apartamento en el que vive en Nueva York, donde da clases en la Universidad de Princeton. Antes y después de la conversación, que aquí se transcribe tal como fue y enteramente, el personaje y la persona se juntan en un ejercicio extraordinario de memoria, de pequeños detalles, de historias que describe, oralmente, con la precisión que luego se conoce por la extrema eficacia narrativa, descriptiva, que hay en su obra completa. Por eso la primera pregunta va sobre su memoria.

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La relación entre pseudociencia y política

La pseudociencia es siempre peligrosa porque contamina la cultura, y cuando lo que está en juego es la salud, la economía o la organización política, la ciencia espuria pone la vida, la libertad y la paz en riesgo. Pero, desde luego, la pseudociencia se torna extremadamente peligrosa cuando goza del apoyo de los gobiernos, las religiones organizadas o las grandes empresas. Un puñado de ejemplos bastará para aclarar esto.

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Manías fundacionales

Bello

Jorge Edwards
La Segunda, viernes 16 de octubre de 2015.

Una debilidad clásica de América Latina es la de comenzar de nuevo, a cada rato. Bs algo que podría bautizarse como manía fundacional. No es exclusivamente latinoamericana. También suele darse en Europa, en Asia, en el Cercano Oriente, pero entre nosotros se repite con verdadera majadería. Ahora, en Chile, queremos comenzar de nuevo cambiando la Constitución política. Tiene un lado lógico querer hacerlo después de largos períodos, y sobre todo cuando la Constitución actual, la que nos rige, plantea serias dudas sobre sus orígenes, sobre su legitimidad. Pero no tener cuidado, no darse tiempo, actuar con prisa, con impaciencia, con motivaciones emocionales, despreciando la tradición, sin visión histórica son errores graves y reiterados. Errores que reiteramos desde hace dos siglos.

Creo que las últimas declaraciones en esta materia de la Presidenta Bachelet son prudentes. Pasamos de una situación vo-luntarista y simplista a una actitud menos apresurada, de más respeto por la historia. Han existido revoluciones radicales en los países más serios de este mundo: en Inglaterra, en Francia, en Rusia, en la antigua Grecia y el antiguo Egipto. Ningún país estable, consecuente, sin embargo, cree necesario hacer revoluciones a cada rato. Estados Unidos, por ejemplo, no ha cambiado nunca de Constitución. Los franceses cambian y a la vez mantienen. Los ingleses dudan de los cambios. A mí no me molesta que Chile quiera cambiar, pero me molesta que no dude, que sienta seguridades injustificadas, que salga bailando detrás de todas las ilusiones, de todas las fantasías, de las utopías de moda. Tuvimos una seguidilla de constituciones en los años de la llamada anarquía, antes del ministro Portales, del Presidente Prieto y del general Bulnes, de Andrés Bello. Nuestra fuerza, nuestro prestigio en el pasado, consistió precisamente en legislar menos y con visión más larga. La Constitución de 1833 consagró un sistema republicano sólido, con una Presidencia de la República que tenía muchos aspectos de monarquía, pero que funcionaba, que daba garantías, y que permitió un progreso social, político, cultural, paulatino, sin retrocesos, que se consolidaba de año en año. Es que la Constitución de 1980, nos dicen, se promulgó durante un régimen
de fuerza, en un plebiscito sin garantías. De acuerdo. Voté en ese plebiscito en contra del proyecto constitucional. Después hice uso del recurso de amparo contemplado en el mismo proyecto —buen recurso, innovación legislativa interesante— para combatir la censura de uno de mis libros. No obtuve resultados inmediatos, pero el proceso abrió caminos, creó una atmósfera diferente en temas de libertad de expresión. Ahora observo que Salman Rushdie declara en Francfort, en la Feria del Libro, que la libertad de expresión es la primera de las libertades, la condición de todas las otras. Es algo que se ha dicho de diferentes maneras, en las más variadas épocas y circunstancias, y que tenemos que mantener a toda costa. Es la libertad esencial, y está anclada en el lenguaje, en la escritura, en el oficio y el ejercicio nuestro.

Ahora existen en España sectores que hablan de la constitución de 1978 como si fuera una antigualla, una manera maquillada de perpetuar el franquismo. A mí me parece un perfecto y absoluto disparate. Estaba aquí en esos años y creo que el proceso de discusión, de polémica abierta, de reflexión con mirada de futuro fue ejemplar, original, único. Era una transición original y el inicio de una democracia europea nueva. Por desgracia, los hispanos de todas las latitudes, los de Castilla-La Mancha y Andalucía, los de Guanajuato y los de Punta Arenas, somos peligrosos aficionados al descarte radical, a la cancelación definitiva. Cuando asumió Michelle Bachelet, en el Chile de estos días, un senador que tenía pocas noticias, despistado, para decir lo menos, declaró que el nuevo gobierno actuaría como una «retroexcavadora». Para demoler el pasado, el inicuo y despreciable pasado. Insisto en que son actitudes muy nuestras, pero mantengo la necesidad de la razón, de la reflexión. La historia, la tradición literaria, el ensayo, la gente de pensamiento revelan que somos capaces de pensar bien. El problema es que el buen pensamiento, el rigor intelectual, la capacidad de creación salen de minorías pensantes, pero no se imponen con facilidad al resto de la gente. Tenemos que ser más amables, más receptivos con respecto a las personas que manejan ideas, y creo que en general no lo somos. Hay una soma, una burla, y un escarnio. Mariano losé de Larra, que era uno de los hombres que pensaban mejor en su tiempo, y con humor, con una especie de modestia, con sentido de la medida, no encontró más salida que el suicidio. Y Miguel de Unamumo, con su rabia habitual, dijo que inventaran ellos, y me parece que se equivocó al decirlo. ¿Por qué ellos? ¿Por qué no nosotros?

Nosotros tuvimos a una de las mentes mejores de todo el siglo XIX. Andrés Bello nació en Caracas, pero el gobierno chileno de la época, por puro instinto, por una idea elemental de respeto, tuvo la buena idea de llamarlo a Chile, de darle una posición honrosa, de otorgarle la nacionalidad por gracia. Ahora estamos llenos, aquí y allá, de fundadores armados de poderosas retroexcavadoras, pero que no se destacan por su pensamiento. Grandes voluntades, gestos perentorios, melenas frondosas e ideas débiles. No es para estar demasiado optimista. Pero hay que esperar, y ver pasar. Como decía uno, la historia es lenta. El problema es que el tiempo no nos sobra.

Premio 2015: La bielorrusa Svetlana Alexievich, premio Nobel de Literatura

La escritora bielorrusa Svetlana Alexievich, de 67 años, es la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2015. El dictamen de la Academia sueca destaca «sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo». Escritora y periodista, ha retratado en lengua rusa la realidad y el drama de gran parte de la población de la antigua URSS, así como de los sufrimientos de Chernóbil, la guerra de Afganistán y los conflictos del presente. Es muy crítica con el Gobierno bielorruso.

Nacida en Ucrania, hija de un militar soviético, de origen bielorruso. Cuando su padre se retiró del Ejército, la familia se estableció en Bielorrusia y allí ella estudió periodismo en la Universidad de Minsk y trabajó en distintos medios de comunicación. Se dio a conocer con La guerra no tiene rostro de mujer, una obra que finalizó en 1983 pero que, por cuestionar clichés sobre el heroísmo soviético y por su crudeza, solo llegó a ser publicada dos años más tarde gracias al proceso de reformas conocido por la perestroika. El estreno de la versión teatral de aquella crónica descarnada en el teatro de la Taganka de Moscú, en 1985, marcó un hito en la apertura iniciada por el dirigente soviético Mijaíl Gorbachov.

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Reforma educativa: Platón, expulsado de clase

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La última reforma educativa (LOMCE) [en España] reduce la asignatura de forma sustancial en las aulas españolas. La Historia de la Filosofía que imparte Mesa con pasión pasa de obligatoria a optativa. Hasta ahora se enseñan en secundaria y Bachillerato tres asignaturas relacionadas —Filosofía, Valores Éticos e Historia de la Filosofía—. Solo la primera será obligatoria en 1º de Bachillerato. El resto dependerán de cada comunidad autónoma. Es decir, un estudiante podría cursar la educación obligatoria y salir a los 16 años sin haber visto los fundamentos que estructuran el pensamiento occidental, desde los clásicos hasta Marx o Sartre.

En Chile, en algunos planteles de educación media, la decisión de incluir la asignatura o de darle un papel destacado en el currículo, está en manos de empleadores privados. Las nuevas medidas reformistas impulsadas por el gobierno no establecen cambios sustantivos para estimular el pensamiento crítico. Solo distribuyen más recursos a los mismos empresarios que han impuesto sus condiciones por más de treinta años.

 

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Cosas modernas que solo entenderás si estudias Filosofía

Parece que la nueva reforma educativa permite que un alumno se gradúe sin pasar por el estudio de la Filosofía. No es necesaria, dirán muchos, o, al menos, no tanto como las ciencias, que abren la puerta a carreras universitarias ‘con futuro’. Además, es un rollazo lleno de palabras raras y ejemplos que poco tienen que ver con la vida real, pensarán algunos jóvenes. Menuda inutilidad, ¿verdad?

Pero la diferencia de la Filosofía con respecto a otras asignaturas es que, por muy rollazo que sea o por muy inútil que parezca, ayuda a ver las cosas con ojos críticos. No construye puentes, ni gestiona empresas, pero siembra dudas necesarias en todo lo que sucede a nuestro alrededor. Enseña a leer entre líneas y a no dar por sentado todo lo que nos cuentan. Menuda chorrada, ¿eh?

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Filosofía: Daniel Innerarity: “El gran riesgo es que la política llegue a ser irrelevante”

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Es posible que a Daniel Innerarity los libros le salgan solos. Pondrá en marcha una grabadora, hablará durante horas…, y directo a la editorial. No habrá que corregirle ni una coma, porque aunque habla mucho, muchísimo, siempre lo hace con un riguroso orden en el pensamiento. Teórico de la política y siempre con un ojo en el futuro, también ha pasado de las musas al teatro: en las últimas elecciones autonómicas era el último en la lista de Geroa Bai (sí al futuro, en euskera) que encabezó Uxue Barkos.

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