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Carlos Peña: “Piñera tiene que recuperar el discurso con que accedió al poder”

Convencido de que hay un movimiento más generacional que ideológico, Carlos Peña no se suma a las voces que hablan de un estallido social gatillado por un malestar. Dice que hay más impulsos que ideas en juego. A su juicio, Piñera debe retomar sus promesas y conectar nuevamente con las mayorías. “El gran problema de la derecha –añade– es que vive en un mundo ensimismado”.

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James Watson: El premio Nobel que afirma que los negros son menos inteligentes vuelve a la carga

“Entre los blancos y los negros hay diferencias en los resultados de las pruebas de inteligencia. Yo diría que la diferencia es genética”. El polémico biólogo James Watson, ganador del premio Nobel de Medicina en 1962 por ser uno de los descubridores de la estructura del ADN, ha vuelto a lanzar al mundo sus teorías racistas, esta vez en el documental Decoding Watson [descodificando a Watson], estrenado anoche en la televisión pública estadounidense PBS.

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Identificados los genes relacionados con la tendencia a la monogamia

Los topillos de la pradera son una de las pocas especies de mamífero fieles a la pareja.

Ser feliz con la misma pareja para toda la vida es una de las aspiraciones que sustenta la civilización, aunque la relajación de las costumbres y una vida cada vez más larga hagan improbable cumplir el sueño. Pese a tratarse de una rareza entre los animales, la monogamia, aunque sea en una versión imperfecta, existe en la naturaleza, y siempre hay quien busca en la biología una justificación para sus anhelos. Por eso tienen tanto interés los estudios que indagan en los orígenes de esta forma de organizar la

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Martín Caparrós: La culpa, el instrumento de control de las religiones

FUE UNO de los inventos más extraordinarios que los manuales no registran: a los inventos más extraordinarios suele sucederles. Antes de él, aquellos hombres y mujeres vivían más o menos felices. O preocupados, irritados, aterrados, pero sin el peso de la culpa. En esos días las cosas sucedían y nadie sabía bien por qué: así era la vida o, a lo sumo, así de caprichosos esos diosecitos que pululaban en el árbol, el agua, la luna lejana o el poderoso sol

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Manías fundacionales

Bello

Jorge Edwards
La Segunda, viernes 16 de octubre de 2015.

Una debilidad clásica de América Latina es la de comenzar de nuevo, a cada rato. Bs algo que podría bautizarse como manía fundacional. No es exclusivamente latinoamericana. También suele darse en Europa, en Asia, en el Cercano Oriente, pero entre nosotros se repite con verdadera majadería. Ahora, en Chile, queremos comenzar de nuevo cambiando la Constitución política. Tiene un lado lógico querer hacerlo después de largos períodos, y sobre todo cuando la Constitución actual, la que nos rige, plantea serias dudas sobre sus orígenes, sobre su legitimidad. Pero no tener cuidado, no darse tiempo, actuar con prisa, con impaciencia, con motivaciones emocionales, despreciando la tradición, sin visión histórica son errores graves y reiterados. Errores que reiteramos desde hace dos siglos.

Creo que las últimas declaraciones en esta materia de la Presidenta Bachelet son prudentes. Pasamos de una situación vo-luntarista y simplista a una actitud menos apresurada, de más respeto por la historia. Han existido revoluciones radicales en los países más serios de este mundo: en Inglaterra, en Francia, en Rusia, en la antigua Grecia y el antiguo Egipto. Ningún país estable, consecuente, sin embargo, cree necesario hacer revoluciones a cada rato. Estados Unidos, por ejemplo, no ha cambiado nunca de Constitución. Los franceses cambian y a la vez mantienen. Los ingleses dudan de los cambios. A mí no me molesta que Chile quiera cambiar, pero me molesta que no dude, que sienta seguridades injustificadas, que salga bailando detrás de todas las ilusiones, de todas las fantasías, de las utopías de moda. Tuvimos una seguidilla de constituciones en los años de la llamada anarquía, antes del ministro Portales, del Presidente Prieto y del general Bulnes, de Andrés Bello. Nuestra fuerza, nuestro prestigio en el pasado, consistió precisamente en legislar menos y con visión más larga. La Constitución de 1833 consagró un sistema republicano sólido, con una Presidencia de la República que tenía muchos aspectos de monarquía, pero que funcionaba, que daba garantías, y que permitió un progreso social, político, cultural, paulatino, sin retrocesos, que se consolidaba de año en año. Es que la Constitución de 1980, nos dicen, se promulgó durante un régimen
de fuerza, en un plebiscito sin garantías. De acuerdo. Voté en ese plebiscito en contra del proyecto constitucional. Después hice uso del recurso de amparo contemplado en el mismo proyecto —buen recurso, innovación legislativa interesante— para combatir la censura de uno de mis libros. No obtuve resultados inmediatos, pero el proceso abrió caminos, creó una atmósfera diferente en temas de libertad de expresión. Ahora observo que Salman Rushdie declara en Francfort, en la Feria del Libro, que la libertad de expresión es la primera de las libertades, la condición de todas las otras. Es algo que se ha dicho de diferentes maneras, en las más variadas épocas y circunstancias, y que tenemos que mantener a toda costa. Es la libertad esencial, y está anclada en el lenguaje, en la escritura, en el oficio y el ejercicio nuestro.

Ahora existen en España sectores que hablan de la constitución de 1978 como si fuera una antigualla, una manera maquillada de perpetuar el franquismo. A mí me parece un perfecto y absoluto disparate. Estaba aquí en esos años y creo que el proceso de discusión, de polémica abierta, de reflexión con mirada de futuro fue ejemplar, original, único. Era una transición original y el inicio de una democracia europea nueva. Por desgracia, los hispanos de todas las latitudes, los de Castilla-La Mancha y Andalucía, los de Guanajuato y los de Punta Arenas, somos peligrosos aficionados al descarte radical, a la cancelación definitiva. Cuando asumió Michelle Bachelet, en el Chile de estos días, un senador que tenía pocas noticias, despistado, para decir lo menos, declaró que el nuevo gobierno actuaría como una «retroexcavadora». Para demoler el pasado, el inicuo y despreciable pasado. Insisto en que son actitudes muy nuestras, pero mantengo la necesidad de la razón, de la reflexión. La historia, la tradición literaria, el ensayo, la gente de pensamiento revelan que somos capaces de pensar bien. El problema es que el buen pensamiento, el rigor intelectual, la capacidad de creación salen de minorías pensantes, pero no se imponen con facilidad al resto de la gente. Tenemos que ser más amables, más receptivos con respecto a las personas que manejan ideas, y creo que en general no lo somos. Hay una soma, una burla, y un escarnio. Mariano losé de Larra, que era uno de los hombres que pensaban mejor en su tiempo, y con humor, con una especie de modestia, con sentido de la medida, no encontró más salida que el suicidio. Y Miguel de Unamumo, con su rabia habitual, dijo que inventaran ellos, y me parece que se equivocó al decirlo. ¿Por qué ellos? ¿Por qué no nosotros?

Nosotros tuvimos a una de las mentes mejores de todo el siglo XIX. Andrés Bello nació en Caracas, pero el gobierno chileno de la época, por puro instinto, por una idea elemental de respeto, tuvo la buena idea de llamarlo a Chile, de darle una posición honrosa, de otorgarle la nacionalidad por gracia. Ahora estamos llenos, aquí y allá, de fundadores armados de poderosas retroexcavadoras, pero que no se destacan por su pensamiento. Grandes voluntades, gestos perentorios, melenas frondosas e ideas débiles. No es para estar demasiado optimista. Pero hay que esperar, y ver pasar. Como decía uno, la historia es lenta. El problema es que el tiempo no nos sobra.

Darío Villanueva, elegido director de la Real Academia Española

1418324670_670601_1418324793_noticia_grandeDarío Villanueva (Vilalba, Lugo, 1950) se ha convertido en el trigésimo director de la Real Academia Española (RAE) en sus tres siglos de historia. Llegó sin sorpresas, con 28 votos a favor de los 35 emitidos (un apoyo del 80%), para sustituir a José Manuel Blecua, el filólogo que hace cuatro años se impuso en una elección en la que pugnaban ambos.

vía Darío Villanueva, elegido director de la Real Academia Española | Cultura | EL PAÍS.

La pantalla global, de Gilles Lipovetsky y Jean Serroy

Gilles y Jean: los autores

Gilles Lipovetsky: es un sociólogo y filósofo parisino, profesor en la universidad de Grenoble y Jean Serroy es crítico de cine, especialista en literatura medieval y Molière y también enseña en la Universidad de Grenoble. Gilles tiene una entrada en wikipedia y de Jean es difícil encontrar cosas en castellano aunque algún detalle hemos hallado en Lecturalia y Anagrama.

Tanto ellos como sus obras, sin que conozca en detalle estas escuelas de pensamiento, me parece que entroncan con una tradición de análisis crítico del capitalismo en Francia con figuras como Guy DebordJean Baudrillard y Pierre Bourdieu.

Jean, Gilles y sus pantallas: cine, espectáculo, vida

El primer libro que leí de Jean Serroy y Gilles Lipovestky fue “La cultura-mundo, respuesta a una sociedad desorientada”. Me dejó impresionado. Su idea principal, que debemos “civilizar” las nuevas tecnologías para que sirvan, más allá del consumismo y el hedonismo, a la construcción de subjetividades y sociedades racionales y democráticas, se encuentra en la base más radical de la idea misma que llevó a la creación de librosensayo.com.

Gilles LipovetskyEl texto que hemos escogido este mes, “La pantalla global, cultura mediática y cine en la era hipermoderna” trata otro tema central, muy relacionado con el anterior. Hablaremos, ni más ni menos, de LA PANTALLA. Sí, esa pantalla en la que escribo ahora mismo, esa en la que lees tú ahora, esa que invade calles, estaciones, centros comerciales, colegios, plazas, bares…

a) Y en el principio fue en cine: el nacimiento de la pantalla como cosmos narrativo.

Cuando me acerqué hacia el libro-objeto, atraído sin duda por el reconocible color negro de la colección “Argumentos” de Anagrama, me llamó la atención el subtítulo. ¿Cine?, ¿de verdad era crucial el cine, la vieja y desfasada primera pantalla, para entender el postmodernista mundo multipantalla?. La respuesta era sí.Veamos por qué.

Su aparente simplicidad lo alejaba de las manifestaciones culturales de las élites pero en realidad escondía una nueva forma de explicar historia que necesitaba de nuevas técnicas narrativas. ¿Cómo fueron construyéndose estas innovadoras maneras de contar?. La sucesión de imágenes encadenadas se puso al servicio de la creación de mitos, que fueron esculpiendo los sueños y deseos de las masas. La pantalla de cine se volvió un espacio mágico. Los reflejos en aquella inmensa sala obscura dejan atónito al espectador, lo introducen en la historia con una intensidad nunca conocida. El cine subyuga, todo brilla. Para nosotros, espectadores postmodernos, poseedores de numerosas pantallas propias, es difícil experimentar aquella primera sensación de fascinación. Estamos tan hiperexpuestos desde hace tanto a la erótica de la imagen que es muy difícil sorprendernos ya.Sólo tomando como punto de partida el séptimo arte, nacido muy a finales del XIX, podemos comprender como han evolucionado las narrativas contenidas en todas las innumerables pantallas que hoy nos rodean. La aparición del cinematógrafo de nuestros abuelos significó el nacimiento de un arte nuevo. La vida en movimiento era mostrada ante nuestros ojos. La naciente cultura de masas abrazó muy pronto esta nueva forma de entretenimiento, que por su alto componente técnico y visual atraía con facilidad a todo tipo de ciudadanos.

Jean Serroy

La cultura como entretenimiento, la publicidad con sus ciclos acelerados de novedad-consumo-obsolescencia-novedad, se ven enormemente potenciadas por la capacidad del nuevo arte para producir imágenes gloriosas, siempre diferentes, cada vez más icónicas.

Lipovestky y Serroy, tras este despliege argumentario, alcanzan la idea principal que nos permite avanzar en la argumentación. Si bien el cine yo no es el el formato ganador, la pantalla imperante, ha transmitido su esencia a las demás pantallas.Muy en la línea de Guy Debord, opinan que la característica clave de los nuevos relatos es única: el espectáculo. Las epopeyas que se construyen mediante las técnicas cinematográficas tienen en común el “culto a los visual espectacularizado” (p. 25).

Espectadores

Como dice mi admirado Rifkin, este forma comprender la existencia se ha extendido a todas las áreas de lo humano: “every business is show business”. La pantalla recoje el espectáculo y aquello que no esté contenido en una pantalla simplemente no existe.

b) De unipantalla a multipantalla: ¿cómo vida-pantalla pasó a ser toda cine?

Vivimos la vida en las pantallas, el individuo ve el mundo como si fuera cine. A través de los medios de comunicación conectamos con “las noticias”, con aquello que pasa. Educados en las narrativas del celuloide, los políticos y los deportistas pasan por delante de nuestros ojos. Los juzgamos y comprendemos gracias a a los esquemas del “start system”: el feo, el bueno y el malo, el héroe. ¿Qué es un partido de fútbol o de tenis sino una película filmada con mil cámaras, con sus estrellas y su guión, con sus dramas y desenlaces?.

Las pantallas se han multiplicado: ordenadores de todo tipo, tablets, teléfonos listos con más superficie que la antigua radiola de la abuela. La pantalla, nos dicen los autores franceses, comienza a asociarse con variopintos adjetivos: estado-pantalla, ludo-pantalla, vigilo-pantallaLa pantallocracia es nuestro sistema político más consolidado.

ProyectorEl público es socializado en la cultural del placer del consumo, educado e informado en la pantalla. Nuestros amigos, familiares y compañeros de trabajo viven en ella. También nosotros, que no dejamos de tener lejos una en momento alguna y la tocamos compulsivamente en nuestro bolsillo y nos tranquilizamos al saber que podremos evadirnos consultando el último tuit. Ubicu-pantalla siempre está ahí.

Necesitamos consumir imágenes constantemente. Pero no nos conformamos con ver a los demás. Ahora también lo filmo todo yo mismo, lo fotografío constantemente. Construyo mi vida en imágenes y se la cuento a los demás. Yo soy la estrella de mi facebook y controlo mis fotos, mis vídeos, mis representaciones frente a los demás. “Broadcast yourself” es el lema de Youtube, el segundo buscador más grande del mundo (eso sí, propiedad del primero)

En definitiva yo soy la estrella. He interiorizado hasta tal punto las narrativas cinematográficas que las personifico, las encarno inconscientemente. El mundo, mi mundo, pasa a ser espectáculo, mise en scène. “Ser es ser percibido”, que diría George BerkeleyLa vida es, rotundamente, cine.

c) ¿Eso es todo amigos?: cultura libresca y existencia más allá de la pantalla. Otra pantalla es posible.

Aunque estas breves líneas son más bien cosecha personal, considero que Serroy y Lipovestky han desarrollado un “antídoto” a este mundo-pantalla en su libro mencionado, la cultura mundo.

Sala de cine Yo creo que no. La pantalla, “civilizada”, es un instrumento pontentísmo al servicio de la sociedad. Concepto e imagen no tienen porque llevar a cabo una lucha a muerte. La cultura escrita, de la que forma parte el libro que estamos comentando en esta pantalla, puede, debe ayudarnos a leer y usar correctamente la pantalla, a contrarestar los efectos más perniciosos de la espectacularización.

Los mismo autores hablan del libro como aquello que permanece, como el pilar de nuestra civilización(p. 311). ¿En qué lugar queda el libro, digital o analógico, en cosmos-pantalla?. Difícil decirlo. Al menos textos como el que acabamos de comentar nos ayudan a entender el lenguaje de las pantallas, cuya potencialidad y efectos estamos lejos de conocer. Pensemos, para concluir, que librosensayo.com no existe. Es sólo una pantalla. Los libros que puedes ver, esta reseña, no son más que bitios que viven en la pantalla(pero, ¿es que un libro hecho únicamente de bitios no es un libro?). Tratemos de darle a todo este planeta-pantalla un uso constructivo en la medida de lo posible. ¡Buena lectura de “La pantalla global”!.

 

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