Óscar Contardo: Los muertos que no importan 

Hay algo, sin embargo, que no es responsabilidad del gobierno, una indolencia profunda que ha quedado demostrada en el comportamiento de miles de personas con acceso a información y medios para mantenerse en aislamiento, que han privilegiado su bienestar privado en momentos en los que habría sido necesaria otra cosa. Los atochamientos provocados por miles de santiaguinos intentando dejar la ciudad por el fin de semana largo, las largas filas para comprar pescado para el festivo, la idea de que todos y cada uno somos una situación especial que merece atención diferenciada es algo que dice mucho de nuestra convivencia. Mientras hay gente muriéndose a cada hora, y una amenaza que se extiende, muchos solo han buscado la fórmula para saltarse las reglas. No somos un pueblo solidario, somos un pueblo que se inventó en la caridad voceada con fanfarria una manera de mitigar su propia culpa frente al sufrimiento ajeno: el de los pobres, el de los enfermos, el de los castigados por alguna catástrofe. Chile no ayuda a Chile si no hay cámaras ni espectáculo en torno a la desgracia. Lo que nos mueve es la compasión, la lástima que provoca mirar a los que sufren y el ansia por ser considerados buenos en la medida en que damos alguna limosna bien publicitada. Caridad y no solidaridad, lástima por el menesteroso y no respeto por el otro como un igual que merece consideración.

Origen: Columna de Óscar Contardo: Los muertos que no importan – La Tercera

Alvaro Quezada
Profesor de Estado y Magíster en Filosofía Universidad de Chile Santiago de Chile

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