El Diario Íntimo en Chile

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El Diario Íntimo en Chile

Leonidas Morales

RIL Editores y Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile

Edición y Diagramación Álvaro Quezada Sepúlveda

2014


El diario íntimo es un género literario moderno cuya práctica, en Europa donde aparece hacia el siglo xvii, se generalizó desde el siglo xix (fueron escritores y artistas sus cultores principales) y su teoría se construyó en la segunda mitad del siglo xx. La seducción de este género está asociada por una parte a su enunciación “secreta” y, por otra, al cruce que se produce en la elaboración reflexiva de sus anotaciones entre la experiencia del presente, la memoria biográfica, las pulsiones del inconsciente y, cuando se trata de escritores o artistas, las formas embrionarias de futuras creaciones. En abierto contraste con lo que sucede en las culturas modernas desarrolladas, en Chile el diario íntimo es un género escasamente difundido, y menos estudiado. Este libro quiere ser un aporte a su estudio. Reúne once ensayos. De ellos, diez están dedicados a otros tantos diarios íntimos. Sus autores: Lily Iñiguez, Teresa Wilms, Hernán Diaz Arrieta (Alone), Mario Góngora, Luis Oyarzún (el único cuyo diario es objeto de tres ensayos), José Donoso, Ágata Gligo y Gonzalo Millán. El lugar que ocupan en la secuencia del corpus es estrictamente cronológico. Iñiguez y Wilms no solo son las que inician la serie: son también las primeras diaristas chilenas, de las dos primeras décadas del siglo xx.


 

El primate ingenioso

Primate

El primate ingenioso

Jorge Andrés Pérez Rossel

Edición y diagramación de Álvaro Quezada Sepúlveda

De próxima publicación


 

La hipótesis de este libro es que el ser humano no solamente ha evolucionado genéticamente para consumir la energía con su fisiología (selección natural), sino también para consumir la energía con la tecnología (selección cultural). Es decir, por un lado, la selección natural de fenotipos ha moldeado su genotipo para permitirle consumir energía fisiológicamente con herramientas anatómicas, y, por otro, la selección cultural de fenotipos ha moldeado su genotipo para permitirle consumir energía culturalmente, con herramEl primate ingeniosoientas tecnológicas. Esta estrategia evolutiva ha abierto un mundo de posibilidades para que el ser humano pueda consumir cada vez más energía por medio de la evolución cultural. Pero este potencial de consumo energético se concreta en sociedades cada vez más extensas y complejas, que evolucionan culturalmente para desarrollar y usar tecnología. Es decir, el ser humano ha evolucionado genéticamente para ser capaz de organizarse con otros, con el fin de diseñar, hacer y usar herramientas tecnológicas. Esto es posible, entre otras causas, gracias a su poderosa imaginación y su motricidad fina en las manos y cuerdas vocales. La evolución cultural de las ideas, para consumir la energía con la tecnología, es el resultado del aprendizaje del ser humano, y es producto de la selección cultural de fenotipos (características que son el producto de los genes y el medio). Los fenotipos del ser humano han sido evaluados por filtros naturales y culturales. Los filtros culturales buscan potenciar el consumo cultural de la energía con el uso de herramientas tecnológicas; por lo tanto, la selección cultural de fenotipos ha seleccionado mutaciones genéticas que han moldeado las herramientas anatómicas del ser humano en función del uso de estas herramientas. La selección cultural de fenotipos ha permitido al ser humano seleccionar las mutaciones genéticas necesarias para adaptarse al medio en sociedades extensas y complejas que evolucionan culturalmente con el fin de consumir energía con tecnología. Es decir, el ser humano no solamente diseña, hace y usa herramientas tecnológicas, sino que las organiza en sistemas productivos integrados con especialistas. Las sociedades humanas generan ideas (innovación) y las conservan en el tiempo si son útiles para explotar los recursos de su medio ambiente con la tecnología. Gracias a la evolución cultural de las ideas, los seres humanos han podido vivir en sociedades cada vez más productivas.. La primera parte de este libro trata sobre la energía. La segunda, sobre la evolución genética del ser humano en función del uso natural (fisiológico) y cultural (tecnológico) de la energía. La tercera parte trata sobre la evolución cultural de las sociedades humanas en función del uso fisiológico y tecnológico de la energía: analiza la evolución del pensamiento del ser humano en función de su desarrollo tecnológico. Este pensamiento experimenta una progresión: primero, pensamiento mágico (aborigen); segundo, pensamiento mitológico (monetario); tercero, pensamiento científico (moderno). El pensamiento mágico del aborigen ve causas y efectos, pero carece de un entendimiento de los mecanismos que rigen el mundo físico en que está inmerso. El pensamiento del hombre monetario deja de observar con atención la naturaleza y se disocia de ella creando explicaciones míticas sobre los mecanismos que rigen el mundo físico. Estas no tienen asidero empírico en la realidad y se basan en la fe en una autoridad. El pensamiento científico del hombre moderno domestica la imaginación por medio de la experimentación y la validación grupal de la información sensorial. Ahora, comunidades de especialistas desplazan sistemáticamente la frontera del conocimiento por medio del método científico. Resultado de esto, por ejemplo, es la domesticación de los combustibles fósiles con la tecnología del motor mecánico. El ser humano, entonces, accede a una fuente de energía atrapada por la fotosíntesis hacen cientos de millones de años. Pero hoy las sociedades humanas enfrentan el desafío de evolucionar culturalmente para controlar la emisión de dióxido de carbono. La quema indiscriminada de combustibles fósiles amenaza con devolver a la atmósfera a su estado primigenio: una atmósfera amarilla de dióxido de carbono. En la tercera parte del libro se intenta explicar cómo las sociedades humanas se adaptan al entorno mediante la evolución cultural. Se describe la evolución de las ideas que hicieron posible que las sociedades humanas se adapten al medio con la innovación tecnológica. Mientras la evolución genética es el producto de mutaciones evaluadas por los filtros evolutivos naturales y culturales, la evolución cultural es el producto de la generación de ideas evaluadas por el grupo humano. Esta evolución cultural conlleva la necesidad de tener individuos emocionalmente capaces de organizarse en grupos cohesionados en función del uso de la tecnología. En un comienzo, los grupos humanos se organizan en función del parentesco. Pero luego, cuando las sociedades crecen, se van creando estructuras sociales más complejas que permiten que extraños se puedan organizar en función de la confianza. Este es uno de los desafíos de las sociedades extensas y complejas. La confianza entre los miembros de la sociedad permite a las sociedades humanas explotar sinergias productivas y economías de escala, pero para que esto se concrete se necesita un contrato social en función del bien común de la sociedad. Desde su pasado aborigen, de no más de treinta personas, las sociedades humanas han crecido enormemente en tamaño y complejidad, producto de la evolución cultural y el asociado desarrollo tecnológico. Esto ha sido especialmente marcado, primero con la revolución agrícola (monetaria) y, segundo, con la revolución industrial (científica). Estas revoluciones produjeron saltos importantes en las densidades poblacionales de las sociedades humanas, lo que requirió que estas evolucionaran culturalmente para ajustarse al desarrollo tecnológico. Con estas mayores densidades poblacionales cambió la naturaleza de las interacciones entre los seres humanos: de sociedades casi familiares a sociedades cada vez más extensas y complejas, lo que requirió organizar a las sociedades humanas ya no en función del parentesco entre los miembros del grupo, sino en torno a reglas y valores comunes, independientes de ellas. Con la revolución agrícola, las adaptaciones fueron por medio de sistemas políticos autoritarios, que concentraban el poder (pensamiento mítico); con la revolución industrial, por medio de sistemas políticos representativos, que redistribuían el ingreso (pensamiento científico). Las sociedades aborígenes eran familiares y tenían un pensamiento mágico, ya que no entendían los mecanismos que regían el mundo natural en que estaban inmersos. Con la revolución agrícola surge el pensamiento mítico, en el que se da cohesión social a los grupos humanos extensos por medio de explicaciones no empíricas de los fenómenos de la naturaleza. Estas sociedades se organizan en torno a la autoridad política, que es también religiosa y militar. Con la revolución industrial surge el pensamiento científico, en el que se da cohesión social a los grupos humanos por medio de la democracia representativa, y la autoridad política es controlada por la sociedad mediante el sufragio universal. En este mundo la realidad es dirimida por el método científico.

 

 

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