Rafael Gumucio: Gabriel Boric, el fin de la magia.

El sueño de una pureza renovada, de una historia que empieza de nuevo. Algo primaveral y nuevo que ha terminado por sucumbir en la incoherencia, la altisonancia, la sordera terrible de una izquierda que se burlaba hasta el día de ayer de los que, viniendo de ella, le advirtieron que no se puede educar 200 años un país en la unidad y la uniformidad incluso, para exigirle una diversidad que hace agua por todas partes. Muchos Amarillos y parecidos merecen una disculpa que no recibirán porque ni un segundo se demoró Kast y compañía en apoderarse de la victoria que consiguieron callándose la boca.

​El presidente Boric en vez de ofrecer una tercera vía convincente y corregir el texto seria y profundamente, se jugó el todo por el todo en la ruleta rusa. Muchas veces antes había ganado elecciones que todos daban por perdidas. Contra Jadue, contra Camila, contra Kast. Pensó que esta vez también lo lograría. No sintió en el sur al fuego consumir un molino que es también la historia de la Araucanía. No vio en el norte a los rabiosos chilenos quemar todas las pertenencias de los inmigrantes. No vio en el centro todos los índices económicos a la baja. O lo vio, claro que lo vio, pero no ha podido aun sentirlo en carne viva, no ha podido aun encarnarlo más que en ideas y buenas intenciones. Para eso, tener un hijo ayuda, pero también ayuda tener un fracaso. Saber que no te entienden los que crees que entienden. Saber que la convicción es lo que tienen los que no tienen la razón.

Origen: Rafael Gumucio: Gabriel Boric, el fin de la magia.

Alvaro Quezada
Profesor de Estado y Magíster en Filosofía Universidad de Chile Santiago de Chile

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