Columna de Óscar Contardo: La maldición

Maduro ganó las elecciones de 2013 con la promesa de profundizar el proceso que había iniciado Chávez, un hombre que llegó a la presidencia porque supo interpretar el hastío que la mayoría de los venezolanos sentía por un sistema político corrompido hasta el tuétano. Pero Maduro, a pesar de hablar con los pájaros y anunciar maldiciones, carecía de la astucia de Chávez; tampoco gozaría durante su mandato de los precios del petróleo que convirtieron al finado líder en un mecenas generoso de cierta izquierda latinoamericana. La gestión de Maduro comenzó a dar frutos amargos a los pocos meses de triunfar: la criminalidad se disparó, lo mismo que la inflación y la escasez de alimentos. Según la Organización Internacional de Migraciones, entre 2015 y 2017 los venezolanos en el exterior pasaron de 700 mil a más de un millón y medio. Un aumento del 700%, iniciando una diáspora jamás vista en Latinoamérica, con caravanas huyendo a duras penas por carreteras extranjeras; personas expuestas a condiciones durísimas y al maltrato de una ola de aporofobia que la ultraderecha ha sabido aprovechar con la eficiencia del verdugo atento a su labor.

Origen: Columna de Óscar Contardo: La maldición

Alvaro Quezada
Profesor de Estado y Magíster en Filosofía Universidad de Chile Santiago de Chile

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