El filósofo y el pastelero

1470763782_239445_1470764147_noticia_normal_recorte1Se dirá, por ejemplo, que la filosofía es muy útil porque forma personas dinámicas y flexibles, no enquistadas en prejuicios paralizantes. O que es muy apta (se hace a veces difícil seguir soportando esta monserga) para favorecer la apertura mental y el espíritu crítico, tan necesarios en los tiempos que corren, de modo que los ciudadanos no vayan buscando sólo dinero y diversión, sino que anhelen algo más. O, ¿cómo no?, para que dispongan de genuinos valores, que preserven de la corrupción y el cinismo. Al final de estas defensas de la filosofía, lo defendido se habrá convertido ya en algo irreconocible: una mezcla de adoctrinamiento edificante, divulgación científica recreativa y refinamiento cultural low cost. Pero la filosofía es todo lo contrario de esta masa de pastelería, y se compone, no en vano, principalmente de ingredientes amargos.

Origen: El filósofo y el pastelero | Opinión | EL PAÍS

Alvaro Quezada
Profesor de Estado y Magíster en Filosofía Universidad de Chile Santiago de Chile

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