Un show que cae

Un show que cae
Álvaro Bisama

Era una fantasía quizás incomprensible, silenciar a la galería para perpetuar la ilusión de la fiesta, bailar para taparse los ojos ante el presente, tal y como se veía ayer en la transmisión de Échale la culpa a Viña donde Karen Doggenweiler y Francisca García Huidobro hacían coreografías al lado del mar como si nada pasara mientras, suponemos, la producción rezaba porque en el paisaje del atardecer marino no se colasen las columnas de humo de los autos quemados en el centro, los mismos que en Me Late en TV+ mostraban en vivo y en directo, con uno de sus noteros atrapados en el O’Higgins, ahora vuelto un laberinto de humo y caos.

Más tarde Kramer ocupará todo ese caos en su presentación, tratará de comprenderlo, de hacer un relato de él. Marcará 57 puntos de rating para una rutina que lo sacará de la predecible comodidad del humor familiar para hacerlo comprimir toda la iconografía del estallido social en su presentación. Kramer recordará la violencia policial, la crisis de los derechos humanos, celebrará a la Primera Línea; e imitará a Piñera un poco, como si no valiera la pena, para qué ocuparse del horror. Para Kramer, los símbolos del presente serán otros: la Tía Pikachu, el Pareman, el Sensual Spiderman. Un detalle: hará ese relato caracterizado como Nicolás Massú, una de sus imitaciones más viejas y queridas. Será la más sofisticada de sus máscaras, insoportablemente viñamarina.

Origen: Un show que cae | Culto

Alvaro Quezada
Profesor de Estado y Magíster en Filosofía Universidad de Chile Santiago de Chile

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